Al iniciar un proyecto, surge la pregunta inevitable: puede hacerse? es posible?. Esto se debe, claro, a que no tiene sentido emprender un proyecto que de antemano se sabe que es imposible, por razones inherentes al mismo, ajenas al método de trabajo.
Sin embargo, debe tenerse especial cuidado antes de calificar un proyecto como "no realizable". Muchas veces todos los indicios señalan que no puede hacerse, pero puede ser que falte un detalle, un punto de vista distinto, que lo cambie todo. Vaya un ejemplo:
Desde que el hombre empezó el estudio de las móleculas y los materiales, existió el deseo de analizar las estrellas, en especial el sol. Pero cómo averiguar la composición del sol si no podemos ir hasta allá, si ni siquiera podemos traer una muestra del mismo para analizarla.
Si estos motivos no parecen suficientes para declarar imposible el proyecto, aquí va el mayor: aunque pudieramos conseguir una forma de transportarnos hasta el sol (más de 100 millones de km), no existe forma de que objeto alguno se acerque lo suficiente para tomar una muestra sin evaporarse instantaneamente por la temperatura existente.
Es claro que los motivos son más que suficientes para considerar que es imposible saber la composición química del sol o de cualquier otra estrella.
Sin embargo, en el siglo XVIII se desarrolló latécnica de la espectroscopia, que estudia los niveles de energía emitidos en determinadas frecuencia del espectro visible. Gracias a este método se puede analizar la composición química de un objeto, descomponiendo la luz emitida por éste cuando se encuentra en estado de incadescencia.
Utilizando el mismo método, pudo descubrirse la composición química del sol, analizando la luz que llega a la tierra emitida por el sol, sin necesidad de transportarse hasta allá o evaporarse instantáneamente.
En vista del ejemplo anterior, propongo pensarlo dos veces antes de catalogar un proyecto como imposible.
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2 comentarios:
Señor bloguero,
¿Qué es más importante, descifrar la factibilidad técnica de un proyecto
o su utilidad?
Las mayoría de las personas cuando se involucran en un proyecto
normalmente no se preocupan por su factibilidad técnica, normalmente
reparan exclusivamente en su utilidad, o en la percepción que ellos
tienen de cuán satisfactorio será el resultado. Una presunta utilidad es
suficiente para comprometerlos en proyectos de resultado incierto.
Entender esto es clave para las personas senzatas, de otro modo
padecerán toda su vida incomprensión recíproca con familiares y amigos.
A continuación algunos ejemplos de proyectos técnicamente factibles con
resultado insatisfactorios o inútiles:
poner un bar en la playa (la primera temporada arroja pérdidas y acabas
endeudado), mudarse al cerro San Javier y progresar trabajando
free-lance, el proyecto del matrimonio (para salvar la pareja en
crisis), el proyecto del embarazo (para salvar el matrimonio en crisis),
comprar un DVD (vendiendo la tele), comprar alimentos perecederos (para
venderlos al año siguiente con precios más favorable).
Particularmente, mis proyectos preferidos son aquellos no-factibles con
resultado satisfactorios: luchar por lograr algo imposible resultando
tal experiencia inspiradora, declaralte tu amor a una mujer (aún ante la
certeza de su rechazo), jugar agresivamente (cuando el partido se sabe
perdido) o caminar con un papel en la mano buscando un basurero (vaya
empresa imposible en tucumán!).
Parafraseando al segundo central de la Sampdoria (el que entrena con los
botines azules): "Preferible un proyecto provechoso aunque irrealizable
a uno factible pero inútil."
Finalmente le exhorto a que cese en su reiterada intención de aburrir al
lector con temas que no son de su interés.
Le saluda muy atentamente.
Otro que no sabe y opina
Estoy de acuerdo en que la utilidad de un proyecto es importante, nadie se
pondría a trabajar en un proyecto cuyo resultado, siempre costoso (ya sea en
tiempo, dinero o mala sangre), fuera inútil.
La primera cuestión a dilucidar será si el fin del proyecto tendrá alguna
utilidad. No es necesario que se trate de una utilidad práctica, ni
económica, sino una utilidad entendida como fin útil en la obtusa mente de
su creador, aunque se trate de un cenicero que terminará en la casa de un
grupo de no fumadores empedernidos.
Pero una vez terminada esa cuestión, es indispensable pasar a considerar la
factibilidad, la forma de ejecutarlo, caso contrario todos los proyectos
quedarían en proyectos y no podrían ejecutarse. En el inicio mismo de la
ejecución del proyecto, la pregunta "cómo?" nos asalta como un ladrón en la
noche tucumana.
Observo que por segunda vez haz logrado entender algo completamente
disitinto a lo que había intentado escribir en el artículo. Sospecho que se
trata un modus operandi:
El artículo, lejos de desestimar los proyectos de difícil realización, da un
claro ejemplo de que es muy posible realizar proyectos que, de antemano
parecían condenados al fracaso: realizar un análisis químico de una
estrella, para un bioquímico sonaba tan imposible como que el hombre algún
día llegue a pisar la luna. Sin embargo, los físicos lo resolvieron en dos
patadas. Lo que de paso prueba la avasallante superioridad de la física
sobre la química, aunque nada dice de la inferioridad de aquella ante la
matemática.
Lamentablemente nunca pude verme en la disyuntiva del futbolista italiano,
debido a que todos mis proyecto son irrealizables a la vez que inútiles, lo
que me ahorra esfuerzos y seguras decepcíones; ya que estoy seguro de que
están condenados al fracaso doblemente: por sus medios y por sus fines.
Un abrazo electrónico,
Luis Tek
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