Es algo muy común en el momento de comprar nueva vestimenta, observar las fotos de cómo le queda dicha prenda a algún famoso. Foto que, por otra parte, está colgada en los lugares más visibles de la tienda.
Aquí radica un importante y fundamental error, creer que la ropa nos quedará igual de bien (o igual de mal) que a la persona de la foto.
Luego de innumerables pruebas, he llegado a la conclusión de que la ropa tiene la habilidad de comportarse en función de la persona que la viste. No se trata de que la conjunción entre esa prenda y el físico de determinada persona conjuguen armoniosamente. No se trata de que la prenda de la foto sea esencialmente distinta de la que nos vende el trabajador de la tienda. No se trata de que seamos horribles y ninguna prenda nos quede bien. Todas estas son ideas falsas.
La idea acertada, como dije, es que la prenda tiene una extraña inteligencia que la obliga a sufrir una metamorfosis en el momento en que la utilizamos. Puede ser exactamente la misma prenda, pero al ser vestida por dos personas distintas, sufre modificaciones distintas, que generan resultados normalmente contrapuestos.
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