Existen infinidad de acciones que suelen acecharse a la suerte. De esta manera se entiende que, habiéndo actuado uno de la misma manera que siempre lo hace, obtiene respuestas distintas que otras veces, debido a algún parámetro no solo desconocido sino además inmanejable.
Así considera que, encontrándose uno tras el volante se ha visto en situaciones de accidente o cuasi-accidentes esta última semana, en proporción mucho mayor a la normal, esto debe ser achacado a la suerte.
Si en los últimos días, un par de señoritas han correspondido nuestras acciones, luego de varias semanas de sequía, esto tambien es suerte.
En la última justa deportiva celebrada entre amigos, nuestros golpes, e incluso los de nuestro equipo, han tenido una tasa de éxito mayor a la normal, la suerte ha intervenido.
Ahora que entiendo que el tema que ha quedado lo suficientemente claro, paso a lo que considero una revelación, al menos para mí mismo: la suerte no existe.
En base a exhaustivas investigaciones realizadas en forma más que concienzuda, he concluido que la suerte, el parámetro desconocido, no es otro que nuestro estado mental.
Si estamos distraidos, pensando en situaciones extrañas al manejo, más temprano que tarde los accidentes se nos acercarán. No se trata de que la mala suerte hace que los malos conductores se nos acerquen, sino que al no estar concentrados en nuestra acción, nuestra habilidad de manejo, en especial nuestras acciones inconcientes y reflejas, se resienten, aumentando el riesgo.
Si nos consideramos ganadores, aún en forma inconciente, especialmente en forma inconciente, nuestro lenguaje corporal, nuestras expresiones faciales, nuestro tono de voz cambian y generan en el interlocutor una fascinación y un deseo de acercarse que puede ser confundido con la suerte.
Si somos mentalmente positivos, nuestras acciones deportivas serán más certeras, nuestras decisiones más acertadas.
Es claro que no se trata de autoconvencerse, es una actitud mental, la mayoría de la veces retroalimentada por los resultado y aún ajena a nuestra voluntad. Pero a mi entender no se trata de un hecho inmanejable ni, por lo menos de ahora en adelante, desconocido.
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2 comentarios:
Sr bloguero,
Si todas las acciones cotidianas de una persona atravesaran una serie de
lentes y fuesen proyectas en éxito, o su reverso, el fracaso, entonces
podríamos modelar aquellas con una única lente, con un parámetro único
que la caracterizara y al que podríamos llamar 'la suerte' y que no
sería otra cosa que el resultante del efecto de varios factores, a
saber: el empeño personal (el sujero quere conseguir el objetivo), las
aptitudes personales (el sujeto sabe cómo conseguirlo y es efectivamente
capaz de hacerlo) y finalmente el factor diferente, el que no depende
del sujeto: sus circunstancias (aunque creo que los demás factores
tampoco dependen de él).
Fíjese usted señor bloguero que la 'presencia desfavorable' de
cualquiera de estos factores hace imposible el alcance de la meta.
Quizás la actitud mental a la que usted hace referencia no es más que
otra aptitud, como el conocimiento técnico de cómo conseguir el objetivo
(elegir un ambiente favorable para nuestros propósitos amorosos,
parafrasear el poema apropiado) o la propia posibilidad de concretarlo
(tener el dinero para pagar las costas de la aventura o no tener la
nariz mas grande de lo que ella está dispuesta a tolerar).
En su ejemplo del éxito amoroso, los recientes buenos resultados tienen
origen claramente en la concentración de tetosterona y feromonas
acumulada en los últimos días de abstinencia sexual y no en la suerte ni
en la mentalidad positiva de nuestro hipotético personaje (que dicho sea
de paso, yo no creo que no sea otro hombre que usted mismo señor bloguero).
Quedará claro además para el lector (y será más honesto de su parte) que
no se trata ni de suerte ni de desconcentración tener una mayor tasa de
incidentes de tránsito en el caso en que al salir con aquellas mujeres,
y habiendo bebido más alcohol del que la legislació tolera, uno le cede
la conducción del vehículo A LA MUJER en el trajecto que va del hotel a
su casa.
Finalmente deseo hacer una reflexión que usted ha sabido adelantar: Si
somos mentalmente positivos, ¿nuestras acciones deportivas serán más
certeras?, ¿nuestras decisiones más acertadas? ¿o es exactamente al revés?
En todo caso, mejor tener una actitud mental positiva, tanto si ésta
tiene origen en nuestra seguridad como si tiene origen en nuestra necesidad.
Finalmente le exhorto a que cece en su reiterada intención de confundir
al lector.
Le saluda muy atentamente.
Otro que no sabe y opina
Girona, Catalunya
Estimado lector,
Antes que nada, buenos días. Agradezco su sin duda bienintencionada crítica
hacia el árticulo infrascripto.
Estoy de acuerdo que, si observamos unicamente el objetivo y el resultado de
un proceso, interpretando todo el proceso como una caja negra, podemos
considerar un único factor, la caja negra en sí, que podemos llamar suerte,
proceso o lo que se nos ocurra.
Sin embargo, lo que intenta el artículo es todo lo contario. Intenta (y no
lo logra) desmenuzar los distintos factores que afectan a las distintas
entradas del proceso, cuyos resultados parciales se suman (o restan) para
obtener el resultado final, que bien puede ser éxito o fracaso.
Existen factores o condiciones harto conocidas sobre los que no vale la pena
disentir y agruparemos, arbitrariamente, en tres conjuntos: actitud
(voluntaria), aptitud (involutaria, al menos en el corto plazo) y factores
externos (acciones de la naturales, acciones de terceros, e incluso acciones
automáticas, como ser un semáforo que se pone en rojo cuando más apurados
estamos).
No estoy de acuerdo en que la presencia desfavorable de cualquiera de estos
factores haga imposible el alcance de la meta, ejemplo: un futbolista pésimo
como usted (con muy poca aptitud) puede alcanzar éxito en base a grandes
empeños (mucha actitud); cuando estoy llegando tarde a una reunión y los
factores externos me juegan en contra (agarro todos los semáforos en rojo)
normalmente desvío por caminos más ágiles (empleando aptitud de conocer
recorridos alternativos), y otros ejemplos tan oscuros, absurdos e inútiles
como los anteriores.
El resultado del proceso es la confluencia de los tres factores mencionados
anteriorermente, y no de ninguno de ellos en particular.
Luego de haber oscurecido lo suficiente al tema, paso a aclarar lo que
realmente era el tema cental del artículo: los factores externos (esto y
solamente esto puede ser catalogado como suerte), es decir, acciones que
aparentemente no dependen de nosotros, sino de la naturaleza, de terceros o
de maquinas automatizadas, también pueden ser afectadas por nosotros.
Cuando emprendemos un proyecto tomamos una serie de decisiones concientes,
es claro que estas decisiones concientes no pueden afectar los factores
externos, de lo contrario seriamos superheroes y no seres humanos. Sin
embargo, creo haber comprobado empíricamente que existen una serie de
decisiones inconcientes (el tono de voz al encarar una chica, el lenguaje
corporal al insultar a un enemigo, la fuerza con que se golpea la mesa de un
empleado público) que afectan las decisiones de terceros. Incluso me atrevo
a decir que algunas decisiones inconcientes pueden afectar acciones de la
naturaleza y de máquinas (pero esto lo dejo para otro artículo).
Son estas decisiones inconcientes las que pueden volcar el tercer factor, el
factor externo, a nuestro favor o en nuestra contra.
Quiero aclarar que el hecho de ser mentalmente positivo (cualquiera que me
conozca sabe que, lejos de ser una virtud, lo considero un defecto
despreciable) no es el método para modificar la suerte (factores externos).
Intuyo que el ser mentalmente positivo podría ser, a largo plazo, una forma
de afectar nuestras decisiones inconcientes que, justamente por ser
inconcientes, están fuera de nuestro alcance, al menos de manera directa.
Resumiendo, y tratando de salir de un enredo de caracteristicas
apocalípticas, los procesos dependen de varios factores, entre ellos de
factores externos que suelen ser considerado "suerte", estos factores son
ajenos a nosotros, pero adivino que pueden ser afectados directamente por
decisiones involuntarias nuestras. La verdad de la milanesa sera descubrir
como podemos afectar nosotros esas decisiones involuntarias.
Adivino una objeción de último momento: habíamos acordado (unilateralmente)
que la suerte son acciones externas ajenas a nuestra voluntad, ahora decimos
que estas acciones externas pueden ser modificadas por nuestras decisiones
involuntarias (ajenas a nuestra voluntad por definición): Estamos igual que
antes? No, hay una diferencia, pasamos de un factor externo involuntario a
un factor interno involuntario o, lo que es lo mismo, la mina que no nos
daba bola viviendo en Bs As, ahora tampoco nos da bola pero vive en Tucumán,
conclusión: falta mucho, pero estamos más cerca.
Lamento informarle que el lector ya viene confundido de casa, y no necesita
de mi insignificante aporte para aumentar su confusión general.
Un abrazo electrónico,
Luis Tek
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