»Stephen, ¿cómo sabemos qué es lo que consolidará el bien final de la Humanidad? No tenemos a nuestra disposición los infinitos factores que la Máquina tiene a la suya. Quizá, para darle un ejemplo incierto, toda nuestra civilización técnica ha creado más infelicidad y miseria de la que ha suprimido. Quizá la civilización agraria o pastoral, con menos cultura y menos gente, sería mejor. En este caso, las Máquinas deben orientarse en esta dirección, preferiblemente sin decírnoslo, ya que en nuestros ignorantes prejuicios sólo sabemos que aquello a que estamos acostumbrados es bueno... y lucharemos contra todo cambio. O quizá una urbanización completa, una sociedad totalmente desprovista de castas, o una completa anarquía, sea la respuesta adecuada. No lo sabemos. Sólo las Máquinas lo saben y se encaminan hacia ello, llevándonos consigo.
—Pero está usted diciéndome, Susan, que la Sociedad Humanitaria tiene razón; que la Humanidad ha perdido su derecho de voto en el futuro...
—No lo ha tenido jamás, en realidad. Estuvo siempre a la merced de unas fuerzas económicas y sociológicas que no entendía, de los caprichos del clima y de los azares de la guerra. Ahora las Máquinas las entienden y nadie puede detenerlas, ya que las máquinas los domi-narían como dominan la Sociedad..., poseyendo, como poseen, las armas más fuertes a su disposición, el absoluto control de nuestra economía.
—¡Qué horrible!
—Quizá habría que decir: ¡qué maravilloso! Piense que en todos los tiempos los conflictos han sido evitables. ¡Sólo las Máquinas, a partir de ahora serán inevitables!
Y el fuego se apagó detrás del cuarzo y sólo quedó un hilillo de humo para indicar donde había estado.
(ISAAC ASIMOV)
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