La inteligencia es la habilidad de descubrir la línea que une dos puntos que, aparentemente, se encontraban inconexos.
Esos puntos pueden ser cualquier cosa: dos hechos aislados, una consecuencia y su desconocida causa, un problema y su inesperada solución.
Cuanto más simple es la solución del problema, más difícil de encontrar la línea, pues esa unión es menos evidente.
El grado de inteligencia es, por lo tanto, proporcional a la simplicidad de la solución encontrada y a la profundidad a la que se hallaba enterrada esa línea, aparentemente inexistente.
Vaya como ejemplo el problema de las 100 hormigas.
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