Se sabe que existen dos corrientes de pensamiento opuestas: el determinismo y el libre albedrío.
El determinismo argumenta que todo está escrito, que de nada sirven nuestras decisiones, ya que lo tiene que suceder, sucederá.
El libre albedrío, contrariamente, indica que es nuestra elección la que determina el curso que seguirá la historia.
Un antiguo cuento relata que un ladrón, sabiendo que el juez simpatizaba con los deterministas, intentó defenderse aduciendo que sus acciones no debían ser castigadas, ya que su delito estaba escrito, y nada de lo que él hiciera hubiera podido evitarlo.
El juez asintió, pero le contestó que también estaba escrito que debía ser condenado por ello.
Existe también una tercera corriente, mezcla de las dos anteriores: el futuro está escrito, pero sólo las acciones más importantes, los detalles dependen de nuestras acciones. El sol saldrá todos los días, eso está escrito, pero el lugar donde nos encontrará a cada uno de nosotros depende de nuestra elección.
Si bien esto es un avance, aún nos queda un gusto amargo. Elegir los detalles no es elegir. Elegir es elegir lo importante.
Propongo lo siguiente: no malgastemos nuestro libre albedrío en decisiones menores. Que le mozo nos traiga la bebida que le venga en gana, que el taxista vaya por el camino que más le guste, que nuestros familiares sintonicen el canal que quieran, que nuestros amigos elijan los gustos de la pizza.
Guardemos nuestras decisiones, todas nuestras decisiones, para una única y definitiva elección. Juntemos todas las posibilidades de decisión en una sola elección, y tendremos el poder de decidir algo verdaderamente importante. Aunque sea una única vez en la vida.
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1 comentario:
Interesante reflexión... Con una amiga comentamos que la existencia de un ser perfecto tal vez no sea compatible con el libre albedrío, ¿qué opinas?
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