Hace varios años ya que no miro las estrellas.
Existen varios motivos para ello:
1- Si queremos permancer de pie, debemos doblar el cuello en una posición muy incómoda, difícil de soportar por más de cinco minutos.
2- En caso que nos cansemos o no soportemos el dolor de cuello, deberemos acostarnos para mantener el cuello en su estado normal. Sin embargo, la totalidad de los lugares preparados para acostarse (dormitorios, hoteles, albergues) se encuentran bajo techo, lo que nos obliga a hacerlo en lugares no preparados (baldíos, terrazas, campitos), lo que es igualmente incómodo.
3- Debido a que las estrellas suelen mostrarse únicamente de noche, los lugares propicios para el avistamiento pueden tornarse peligrosos.
Sin embargo, ninguno de estos es el motivo principal para mi abstinencia astronómica.
La realidad es que no miro las estrellas porque son diabólicas.
Las estrellas han mirado a la humanidad desde su comienzo, y seguiran mirando mucho después de que hayamos desaparecido. Nunca jamás han hecho nada. Nada bueno, ni nada malo. Sólo miran, con indiferencia.
La maldad tiene muchas formas, la peor de ellas es la indiferencia.
La indiferencia estelar.
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2 comentarios:
Es extraordinariamente grandiosa esta reflexión poeetica.
gracias por desmitificar el orígen de la joroba de mi mente.
Gracias, Anónimo.
Espero que te gusten las demás reflexiones.
Atte.
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