viernes, 9 de mayo de 2008

Nuevo sistema operativo

La analogía es perfecta.

jueves, 8 de mayo de 2008

Elección de ropa

Es algo muy común en el momento de comprar nueva vestimenta, observar las fotos de cómo le queda dicha prenda a algún famoso. Foto que, por otra parte, está colgada en los lugares más visibles de la tienda.

Aquí radica un importante y fundamental error, creer que la ropa nos quedará igual de bien (o igual de mal) que a la persona de la foto.

Luego de innumerables pruebas, he llegado a la conclusión de que la ropa tiene la habilidad de comportarse en función de la persona que la viste. No se trata de que la conjunción entre esa prenda y el físico de determinada persona conjuguen armoniosamente. No se trata de que la prenda de la foto sea esencialmente distinta de la que nos vende el trabajador de la tienda. No se trata de que seamos horribles y ninguna prenda nos quede bien. Todas estas son ideas falsas.

La idea acertada, como dije, es que la prenda tiene una extraña inteligencia que la obliga a sufrir una metamorfosis en el momento en que la utilizamos. Puede ser exactamente la misma prenda, pero al ser vestida por dos personas distintas, sufre modificaciones distintas, que generan resultados normalmente contrapuestos.

domingo, 4 de mayo de 2008

El Archivo de Babel

Borges imaginó una biblioteca infinita (o casi), con libros de igual formato y longitud, cada uno contenía una combinación de letras distinta. Cada libro era único, y entre todos contenían todas las combinacíones posibles de letras.

De esta forma, en una cantidad gigantesca de libros, estaban todos los libros, ya que se encontraban todas las combinaciones posibles letras. No existe posibilidad que una palabra, frase o texto no se encuentre en alguno de esos libros (siempre que la longitud del texto no exceda la longitud estandar de los libros).

Entre estos libros podían encontrarse:
"la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito."
http://www.literatura.us/borges/biblioteca.html

En lo que no puede calificarse sino como una herejía, me atreveré a realizar una adaptación menor al cuento: en lugar de libros supongamos que se trata de archivos de computadora. Esto simplifica mucho el tema, ya tomaremos archivos de determinada longitud, digamos 1MB.

Ahora bien, estos archivos están compuestos por 0 y 1, claro está. Cada uno contiene 8.388.608 bits ( 1024 x 1024 x 8 ), ya sean todos 0, todos 1, o lo que es mas probable, combinaciones de ambos, pero siempre de una longitud fija. Al matemático aficionado le indicaré que la cantidad de archivos no es infinita, por supuesto, es gigantesca (2 elevado a la potencia 8.388.608) algo así como un 1 seguido de dos millones de ceros.

Una vez que hemos escapado del enredo matemático viene lo interesante. Dentro de este grupo de archivos (que son muchos, pero no infinitos) esta todo. Repito: "está todo".

Piense Ud. en algo: un video de Ud. leyendo esta página. Le informo que uno de los archivos de este grupo es exactamente el video que Ud. quiere. Incluso otro archivo de este grupo contiene el mismo video pero en un formato distinto. Es más, el video que Ud. imaginó está en todos los formatos posibles, incluso en formatos de video que aún no han sido inventados.

Piense en otra cosa: una canción inédita de los beatles. Con certeza matemática puede afirmarse que existe un archivo que contiene esa canción. Existen en ese grupo archivos que contienen la misma canción en distintos formatos y aún en distintos idiomas. Existe un archivo de texto donde se encuentra el relato de cómo se le ocurrió esa canción al autor.

Adivinando el hartazgo del lector, finalizaré aquí el tedioso desfile de ejemplos. Basta decir que existen todos los archivos, en todos los formatos, en todos los idiomas, de todos los hechos posibles, actuales, pasados y futuros, incluso imaginarios. Está todo.

Debe hacerse una única salvedad, en los archivos se encuentra todo, siempre que la longitud de la información que buscamos no exceda 1MB. Aún así, este no es un problema grave, si el video que buscamos es demasiado largo, existen dos posibilidades: buscamos el mismo video con una definición inferior (lo que disminuirá su tamaño), o buscamos el video por mitades (o por tercios). Ambas opciones existen y ya están contenidas en el conjunto de archivos.

El problema ahora será encontrar un buscador lo suficientemente potente.

viernes, 2 de mayo de 2008

Suerte

Existen infinidad de acciones que suelen acecharse a la suerte. De esta manera se entiende que, habiéndo actuado uno de la misma manera que siempre lo hace, obtiene respuestas distintas que otras veces, debido a algún parámetro no solo desconocido sino además inmanejable.

Así considera que, encontrándose uno tras el volante se ha visto en situaciones de accidente o cuasi-accidentes esta última semana, en proporción mucho mayor a la normal, esto debe ser achacado a la suerte.
Si en los últimos días, un par de señoritas han correspondido nuestras acciones, luego de varias semanas de sequía, esto tambien es suerte.
En la última justa deportiva celebrada entre amigos, nuestros golpes, e incluso los de nuestro equipo, han tenido una tasa de éxito mayor a la normal, la suerte ha intervenido.

Ahora que entiendo que el tema que ha quedado lo suficientemente claro, paso a lo que considero una revelación, al menos para mí mismo: la suerte no existe.
En base a exhaustivas investigaciones realizadas en forma más que concienzuda, he concluido que la suerte, el parámetro desconocido, no es otro que nuestro estado mental.

Si estamos distraidos, pensando en situaciones extrañas al manejo, más temprano que tarde los accidentes se nos acercarán. No se trata de que la mala suerte hace que los malos conductores se nos acerquen, sino que al no estar concentrados en nuestra acción, nuestra habilidad de manejo, en especial nuestras acciones inconcientes y reflejas, se resienten, aumentando el riesgo.
Si nos consideramos ganadores, aún en forma inconciente, especialmente en forma inconciente, nuestro lenguaje corporal, nuestras expresiones faciales, nuestro tono de voz cambian y generan en el interlocutor una fascinación y un deseo de acercarse que puede ser confundido con la suerte.
Si somos mentalmente positivos, nuestras acciones deportivas serán más certeras, nuestras decisiones más acertadas.

Es claro que no se trata de autoconvencerse, es una actitud mental, la mayoría de la veces retroalimentada por los resultado y aún ajena a nuestra voluntad. Pero a mi entender no se trata de un hecho inmanejable ni, por lo menos de ahora en adelante, desconocido.

lunes, 21 de abril de 2008

Vestales

Existen historias que ya vienen resueltas.
Hay metáforas que, de tan evidentes, su descubrimiento genera vergüenza antes que orgullo.
Vaya un ejemplo:

En la antigua Roma, una Sacerdotisa consagrada a la diosa Vesta, recibía el nombre de Vestal. Su ocupación fundamental era guardar el fuego sagrado. La vestal que hubiera estado de guardia cuando el fuego se apagaba, era azotada. Las vestales tenían el privilegio de absolver a un condenado a muerte que encontraran cuando éste era conducido al cadalso, siempre y cuando se demostrase que el encuentro había sido casual.

Hasta aquí llega la historia original. La metáfora es ya demasiado evidente hasta para el más obtuso:

Todos nosotros estamos, de una u otra manera, condenados. Condenados a la muerte, condenados a la desdicha, condenados al fracaso, condenados a la soledad. La mujer amada y, de alguna manera, todas las mujeres son Vestales. Un sólo gesto de Ella podrá salvarnos, de la única manera que podemos vencer a la muerte, a través del amor.

La Metáfora, a pesar de ser demasiado evidente, conserva cierta belleza que no logro descifrar.

domingo, 6 de abril de 2008

Imposible

Al iniciar un proyecto, surge la pregunta inevitable: puede hacerse? es posible?. Esto se debe, claro, a que no tiene sentido emprender un proyecto que de antemano se sabe que es imposible, por razones inherentes al mismo, ajenas al método de trabajo.
Sin embargo, debe tenerse especial cuidado antes de calificar un proyecto como "no realizable". Muchas veces todos los indicios señalan que no puede hacerse, pero puede ser que falte un detalle, un punto de vista distinto, que lo cambie todo. Vaya un ejemplo:
Desde que el hombre empezó el estudio de las móleculas y los materiales, existió el deseo de analizar las estrellas, en especial el sol. Pero cómo averiguar la composición del sol si no podemos ir hasta allá, si ni siquiera podemos traer una muestra del mismo para analizarla.
Si estos motivos no parecen suficientes para declarar imposible el proyecto, aquí va el mayor: aunque pudieramos conseguir una forma de transportarnos hasta el sol (más de 100 millones de km), no existe forma de que objeto alguno se acerque lo suficiente para tomar una muestra sin evaporarse instantaneamente por la temperatura existente.
Es claro que los motivos son más que suficientes para considerar que es imposible saber la composición química del sol o de cualquier otra estrella.
Sin embargo, en el siglo XVIII se desarrolló latécnica de la espectroscopia, que estudia los niveles de energía emitidos en determinadas frecuencia del espectro visible. Gracias a este método se puede analizar la composición química de un objeto, descomponiendo la luz emitida por éste cuando se encuentra en estado de incadescencia.
Utilizando el mismo método, pudo descubrirse la composición química del sol, analizando la luz que llega a la tierra emitida por el sol, sin necesidad de transportarse hasta allá o evaporarse instantáneamente.
En vista del ejemplo anterior, propongo pensarlo dos veces antes de catalogar un proyecto como imposible.

lunes, 31 de marzo de 2008

Vida útil

He observado que en la elección de cualquier bien de uso: electrodoméstico, automotor, mobiliario o lo que sea, se compara la vida útil que tendrá este bien.
Siempre se prefiere el bien con mayor vida útil, en el entendimiento que la misma inversión será más redituable en un bien que dure más tiempo.
Sin embargo, es preocupante como se deja un lado un concepto igualmente importante: la vida inútil.
Todos estos bienes, una vez cumplida su vida útil, deberán permanecer un tiempo no definido estorbando en alguna habitación olvidada de nuestra casa. El tiempo que permanecerán allí es la medida de su vida inútil.
Obsérvese que muchas veces el perjuicio que ocasionan en la innecesaria persistencia de su vida inútil, es mucho mayor al beneficio que generaron durante toda su vida útil.
Recomiendo que este parámetro, la vida inútil, sea medido y tenido en cuenta al momento de realizar una compra.

Voluntad

Se sabe que existen dos corrientes de pensamiento opuestas: el determinismo y el libre albedrío.
El determinismo argumenta que todo está escrito, que de nada sirven nuestras decisiones, ya que lo tiene que suceder, sucederá.
El libre albedrío, contrariamente, indica que es nuestra elección la que determina el curso que seguirá la historia.
Un antiguo cuento relata que un ladrón, sabiendo que el juez simpatizaba con los deterministas, intentó defenderse aduciendo que sus acciones no debían ser castigadas, ya que su delito estaba escrito, y nada de lo que él hiciera hubiera podido evitarlo.
El juez asintió, pero le contestó que también estaba escrito que debía ser condenado por ello.
Existe también una tercera corriente, mezcla de las dos anteriores: el futuro está escrito, pero sólo las acciones más importantes, los detalles dependen de nuestras acciones. El sol saldrá todos los días, eso está escrito, pero el lugar donde nos encontrará a cada uno de nosotros depende de nuestra elección.
Si bien esto es un avance, aún nos queda un gusto amargo. Elegir los detalles no es elegir. Elegir es elegir lo importante.
Propongo lo siguiente: no malgastemos nuestro libre albedrío en decisiones menores. Que le mozo nos traiga la bebida que le venga en gana, que el taxista vaya por el camino que más le guste, que nuestros familiares sintonicen el canal que quieran, que nuestros amigos elijan los gustos de la pizza.
Guardemos nuestras decisiones, todas nuestras decisiones, para una única y definitiva elección. Juntemos todas las posibilidades de decisión en una sola elección, y tendremos el poder de decidir algo verdaderamente importante. Aunque sea una única vez en la vida.

Las estrellas

Hace varios años ya que no miro las estrellas.
Existen varios motivos para ello:
1- Si queremos permancer de pie, debemos doblar el cuello en una posición muy incómoda, difícil de soportar por más de cinco minutos.
2- En caso que nos cansemos o no soportemos el dolor de cuello, deberemos acostarnos para mantener el cuello en su estado normal. Sin embargo, la totalidad de los lugares preparados para acostarse (dormitorios, hoteles, albergues) se encuentran bajo techo, lo que nos obliga a hacerlo en lugares no preparados (baldíos, terrazas, campitos), lo que es igualmente incómodo.
3- Debido a que las estrellas suelen mostrarse únicamente de noche, los lugares propicios para el avistamiento pueden tornarse peligrosos.
Sin embargo, ninguno de estos es el motivo principal para mi abstinencia astronómica.
La realidad es que no miro las estrellas porque son diabólicas.
Las estrellas han mirado a la humanidad desde su comienzo, y seguiran mirando mucho después de que hayamos desaparecido. Nunca jamás han hecho nada. Nada bueno, ni nada malo. Sólo miran, con indiferencia.
La maldad tiene muchas formas, la peor de ellas es la indiferencia.
La indiferencia estelar.

domingo, 30 de marzo de 2008

Un sueño

Desde cuando nos volvimos esclavos del tiempo? Por qué tenemos que hacer lo que dicta el reloj. Por qué no hacer lo que tenemos ganas de hacer cuando queremos hacerlo.
Ya sé, vivimos en una sociedad y todos tenemos responsabilidades. Debemos cumplir nuestras responsabilidades para que la sociedad siga siendo civilizada y no caigamos en un caos insoportable. De acuerdo.
Pero por qué hacerlo cuando el reloj nos marca la hora indicada? No es mucho más agradable hacerlo cuando tenemos ganas?
El hombre se ha convertido en un engranaje de una sociedad mecanizada, no cabe dudas. Duerme, come, vive y ama cuando el reloj se lo indica, cuando el reloj se lo manda. Existe algo de infernal en todo esto:
El otro día tuve un sueño. El infierno no era un lugar como lo pintan, sino que se trataba de una empresa privatizada, muy bien organizada, con los pisos encerados, las paredes recién pintadas, los empleados vestidos de traje, afeitados, perfumados. Todos los trabajos se cumplían a tiempo y en forma correcta. Incluso los empleados tenían un trato cordial, entre ellos y hacia los clientes de la empresa. La empresa cumplía con todas sus obligaciones y sus trabajos eran legales. El gerente era un hombre correcto, que cumplía sus horarios y hacía su trabajo diariamente.
El cielo era una oficina pública. Todo estaba muy descuidado. Las oficinas estaban sucias. Los empleados no estaban en su oficina en el horario de trabajo. Era muy difícil conseguir una respuesta a un expediente. Los empleados estaban mal vestidos, sin afeitar, algunos un poco borrachos. El director actuaba como un empleado más, siempre llegaba tarde, y le costaba mucho cumplir con su trabajo.

sábado, 29 de marzo de 2008

Hombre-Engranaje

La masificación suprime los deseos individuales, porque el Superestado necesita hombres-cosas intercambiables, como repuestos de una maquinaria. Y, en el mejor de los casos, permitirá los deseos colectivizados, la masificación de los instintos: construirá gigantescos estadios y hará volcar semanalmente los instintos de la masa en un solo haz, con sincrónica regularidad. Mediante el periodismo, la radio, el cine y los deportes colectivos, el pueblo embotado por la rutina podrá dar salida a una suerte de panonirismo, a la realización colectiva de un Gran Sueño. De modo que al huir de las fábricas en que son esclavos de la máquina, entrarán en el reino ilusorio creado por otras máquinas: por rotativas, radios y proyectores.
He ahí el fin del hombre renacentista. La máquina y la ciencia que había lanzado sobre el mundo exterior, para dominarlo y conquistarlo, ahora se vuelven contra él, dominándolo y conquistándolo como a un objeto más. Ciencia y máquina se fueron alejando hacia un olimpo matemático, dejando solo y desamparado al hombre que les había dado vida. Triángulos y acero, logaritmos y electricidad, sinusoides y energía atómica, unidos a las formas más misteriosas y demoníacas del dinero, constituyeron finalmente el Gran Engranaje, del que los seres humanos acabaron por ser oscuras e impotentes piezas.
(ERNESTO SABATO)

Conocimiento

Los doctrinarios del Progreso habían imaginado que la humanidad avanzaría, de la Oscuridad hacia la Luz, de la Ignorancia hacia el Conocimiento.
La realidad ha resultado mucho más complicada, y si esa previsión ha resultado cierta para la humanidad como un todo, ha resultado diametralmente equivocada para el hombre individual. A medida que la ciencia ha avanzado hacia la universalidad, y por lo tanto hacia la abstracción, se ha alejado del hombre medio, de sus intuiciones, de su capacidad de comprensión. A un hombre medianamente culto se le podía dar una explicación comprensible de la teoría de Newton. Pero cada vez que ese mismo hombre empieza a leer una explicación sobre la teoría de Einstein, cesa de entender en el preciso instante en que se comienza a decir algo de importancia; mientras se le habla de trenes, silbatos y jefes de estación, mientras estamos todavía en el reino de las cosas cotidianas, el hombre todavía cree entender algo; pero no entiende ya nada cuando se empieza con las ideas que propiamente constituyen la nueva teoría.
La razón —motor de la ciencia— ha desencadenado nueva fe irracional, pues el hombre medio, incapaz de comprender el mudo e imponente desfile de los símbolos abstractos, ha suplantado la comprensión por la admiración y el fetichismo de la nueva magia. Porque sus iniciados tienen además el Poder y un poder que es tanto más temible cuanto menos se lo comprende: de las esotéricas ecuaciones, el especialista desciende hasta las armas más terribles de la guerra moderna: ondas ultrasonoras para localizar submarinos, telémetros para la artillería, ondas ultracortas para guiar proyectiles, ondas infrarrojas para ver en la oscuridad, cohetes de propulsión a chorro, bombarderos y tanques, explosivos atómicos.
De este modo, el hombre común vive subyugado y en la adoración de los nuevos ritos. De este modo ha retornado a la ignorancia, después de un breve tránsito por el siglo de las luces.
Y mientras más imponente es la torre del conocimiento y más temible el poder allí encerrado, más insignificante es el hombre de la calle, más incierta su soledad.
(ERNESTO SABATO)

Hombres





Futuro

»Stephen, ¿cómo sabemos qué es lo que consolidará el bien final de la Humanidad? No tenemos a nuestra disposición los infinitos factores que la Máquina tiene a la suya. Quizá, para darle un ejemplo incierto, toda nuestra civilización técnica ha creado más infelicidad y miseria de la que ha suprimido. Quizá la civilización agraria o pastoral, con menos cultura y menos gente, sería mejor. En este caso, las Máquinas deben orientarse en esta dirección, preferiblemente sin decírnoslo, ya que en nuestros ignorantes prejuicios sólo sabemos que aquello a que estamos acostumbrados es bueno... y lucharemos contra todo cambio. O quizá una urbanización completa, una sociedad totalmente desprovista de castas, o una completa anarquía, sea la respuesta adecuada. No lo sabemos. Sólo las Máquinas lo saben y se encaminan hacia ello, llevándonos consigo.
—Pero está usted diciéndome, Susan, que la Sociedad Humanitaria tiene razón; que la Humanidad ha perdido su derecho de voto en el futuro...
—No lo ha tenido jamás, en realidad. Estuvo siempre a la merced de unas fuerzas económicas y sociológicas que no entendía, de los caprichos del clima y de los azares de la guerra. Ahora las Máquinas las entienden y nadie puede detenerlas, ya que las máquinas los domi-narían como dominan la Sociedad..., poseyendo, como poseen, las armas más fuertes a su disposición, el absoluto control de nuestra economía.
—¡Qué horrible!
—Quizá habría que decir: ¡qué maravilloso! Piense que en todos los tiempos los conflictos han sido evitables. ¡Sólo las Máquinas, a partir de ahora serán inevitables!
Y el fuego se apagó detrás del cuarzo y sólo quedó un hilillo de humo para indicar donde había estado.
(ISAAC ASIMOV)

jueves, 27 de marzo de 2008

Dialogo I

Jerry: Todavía no puedo creerlo, vas a ir a una cita a ciegas
Elaine: No estoy preocupada. Su voz sonaba como la de alguien atractivo
Jerry: ¿Te guias por el sonido? ¿Qué somos, ballenas?
Elaine: Bueno, me pareció
Jerry: Elaine ¿qué porcentaje de gente crees que es atractiva?
Elaine: Veinticinco por ciento
Jerry: ¿Veinticinco por ciento? ¡Para nada! Será de cuatro a seis por ciento. Es una proporción de veinte a uno
Elaine: ¡Estás muy equivocado!
Jerry: ¿Equivocado? ¿Alguna vez fuiste a renovar la licencia de conducir? ¡Es como ir a una colonia de leprosos!
Elaine: ¿Entonces quieres decir que del 90 al 95 por ciento de la población jamás podría tener una cita?
Jerry: ¡Jamás!
Elaine: ¿Entonces por qué hay tanta gente en pareja?
Jerry: Alcohol

Elaine: Sabes, admitir que un hombre es guapo no te hace necesariamente un homosexual
George: Tampoco ayuda

Jerry: Ése es el verdadero espíritu navideño. Gente siendo ayudada por otra gente que no sea yo. Eso me hace sentir bien

George: No quiero tener esperanzas: me están matando. Mi sueño es volverme desesperanzado. Cuando estás desesperanzado, nada te importa, y cuando nada te importa, esa indiferencia te hace atractivo
Jerry: Entonces la clave es la desesperanza
George: Es mi única esperanza

(JERRY SEINFELD)

sábado, 22 de marzo de 2008

Dos opciones

Existen dos formas de encarar los problemas que surgen, ya sea en la vida laboral, social o familiar:

1- Actuando responsablemente, preveyendo las dificultades que pueden surgir y tomando todas las medidas preventivas a nuestro alcance para disminuir la posibilidad de que ocurran y, en caso que sucedan, aislar la situación, realizando un control de daños lo más rápido posible.

2- Haciendo la del inconsciente, pateando los problemas hacia adelante, derivando responsabilidades en forma absurda e indiscriminada, pegando todo con cinta adhesiva y sumergirnos en la ilusión de que todo se solucionará por sí mismo o por la intervención de los demás, hasta que, inevitablemente todo nos explote en la cara y debamos salir a apagar el incendio sin ningún tipo de previsión, confiando en nuestra muñeca de piloto de tormenta y algo de ayuda divinia.

Debo confesar que la segunda opción es mi favorita, la que me ha dado mejores resultados y, a no dudarlo, la más divertida.

viernes, 21 de marzo de 2008

Pesadilla de un amigo casado

"Tuve una pesadilla: Veía una foto de mi mismo y mi (ahora) mujer posando con un un grupo sonriente de niños, todos ellos con rasgos diferentes y ninguno parecido a mi señora ni a mi; uno de ellos, de rasgos asiáticos tenía una remera que decía 'hipoteca', otro más alto, de color, con una remera que decía 'seguro del coche', otro con rasgos arios con un cartel que decía 'cuota del corte inglés'. Ninguno de ellos parecían ser hijos nuestros, pero todos parecían estar bajo nuestro cuidado."
(G.V.)

Alguien

Un hombre trabajado por el tiempo,
un hombre que ni siquiera espera la muerte
(las pruebas de la muerte son estadísticas
y nadie hay que no corra el albur
de ser el primer inmortal),
un hombre que ha aprendido a agradecer
las modestas limosnas de los días:
el sueño, la rutina, el sabor del agua,
una no sospechada etimología,
un verso latino o sajón,
la memoria de una mujer que lo ha abandonado
hace ya tantos años
que hoy puede recordarla sin amargura,
un hombre que no ignora que el presente
ya es el porvenir y el olvido,
un hombre que ha sido desleal
y con el que fueron desleales,
puede sentir de pronto, al cruzar la calle,
una misteriosa felicidad
que no viene del lado de la esperanza
sino de una antigua inocencia,
de su propia raíz o de un dios disperso.
Sabe que no debe mirarla de cerca,
porque hay razones más terribles que tigres
que le demostrarán su obligación
de ser un desdichado,
pero humildemente recibe
esa felicidad, esa ráfaga.
Quizá en la muerte para siempre seremos,
cuando el polvo sea polvo,
esa indescifrable raíz,
de la cual para siempre crecerá,
ecuánime o atroz,
nuestro solitario cielo o infierno.
(JORGE LUIS BORGES)

Problema de las cien hormigas

En una barra de un metro de longitud hay 100 hormigas. Todas las hormigas caminan a la misma velocidad: un metro por minuto. Algunas caminan para un lado y otras, para el otro. Pero la regla que siguen es la siguiente: cuando dos hormigas chocan, ambas dan la vuelta y salen caminando en el sentido contrario al que traían.
Me adelanto a decir que todo es ficticio y que haremos de cuenta que las hormigas no tienen espesor y que cada una ocupa un solo punto de la barra sobre la que está caminando. Es decir, son condiciones ideales. Inicialmente, todas las hormigas están quietas, pero van a salir caminando en alguna dirección, todas al mismo tiempo.
Si en los bordes de la barra no hay nada que las detenga, es decir que cada vez que una de las hormigas llega a cualquiera de los bordes se cae, entonces: ¿cuánto tiempo tiene que transcurrir, desde el momento en que empiezan a caminar, para
estar seguros de que se cayeron todas?

SOLUCIÓN:
Supongamos que uno tiene dos hormigas nada más. Si las dos caminan en la misma dirección, al final, antes de completar un minuto, se caerán las dos. Así, si alguna de las dos (o las dos) estaba en un extremo del palo y empieza a caminar hacia adentro, tardará exactamente un minuto en caerse. En cualquier otro caso, se caerán antes del minuto.
En cambio, si caminan en dirección contraria, en el momento de enfrentarse, como cada una sale para el lado contrario del que venía caminando, uno podría pensar que en realidad es como si fueran transparentes: ¡se atraviesan como si no existiera la otra! Antes de avanzar con la lectura, convénzase de que entiende lo que termina
de leer. De nuevo: cuando dos hormigas chocan, da lo mismo que cada una dé la vuelta y empiece a caminar para el otro lado, que pensar que en realidad se cruzaron, como si la otra no hubiera existido. Esta manera de modelar el problema, es decir, de olvidarse de que arrancan en distintos sentidos, es muy útil, no tanto para cuando uno tiene sólo dos hormigas, sino para cuando uno tiene cien, como en el problema
original.
Para contestar entonces la pregunta ahora que tenemos la herramienta nueva de que da lo mismo pensar que se cruzan cada vez que se encuentran dos, me parece que es más fácil encontrar la respuesta. (¿No tiene ganas de pensarla solo/a?)
En todo caso, la escribo acá: alcanza con un minuto porque, como todas las hormigas caminan a un metro por minuto, arranquen desde donde arranquen, como ya nada las va a detener y uno puede hacer de cuenta que nunca cambian de dirección porque cruzan de largo, entonces, en un minuto –como máximo– ¡se caen todas!
(ADRIAN PAENZA)

Inteligencia

La inteligencia es la habilidad de descubrir la línea que une dos puntos que, aparentemente, se encontraban inconexos.
Esos puntos pueden ser cualquier cosa: dos hechos aislados, una consecuencia y su desconocida causa, un problema y su inesperada solución.
Cuanto más simple es la solución del problema, más difícil de encontrar la línea, pues esa unión es menos evidente.
El grado de inteligencia es, por lo tanto, proporcional a la simplicidad de la solución encontrada y a la profundidad a la que se hallaba enterrada esa línea, aparentemente inexistente.
Vaya como ejemplo el problema de las 100 hormigas.

Abracadabra

Una mujer
por despecho o por placer,
enterró en un jardín
un coco seco mojado en carmín.
Luego un rival,
narcotraficando el mal,
escupía con ron
y alfilereaba un feliz corazón.

Yo no sé
cómo hay quien malversa la vida,
cómo hay quien invoca una herida,
como pueden gastar el amor.
Yo no sé.
Como si nos faltaran cadenas,
como si nos sobraran las cenas,
como si diera dicha el dolor.

Yo no sé
si el mal tiempo trae mala fe,
si la desesperación hace blanco
y se cierran los laicos colegios.
Si se vuelve al sortilegio
y aprendices de delfín
creen llegar a Merlín.

Yo no sé
si el mal tiempo trae mala fe.
Pero a mí lo que me embruja es volar
y hechizarme con tus sortilegios.
Soy brillante en tu colegio:
subo nota en el amor,
vuelo allí
como al sol
un colibrí.

Abracadabra,
curandera mi palabra,
todo mal pone bien,
sana del odio y vacuna también.
Abracadabra,
siga la pata en su cabra,
girasol, alhelí,
la mariposa besó al colibrí.

(Silvio Rodriguez): «Hace unos meses
vínieron a casa unos amigos y me alertaron
sobre todo tipo de hechizos siniestros que
amenazaban cada rincón de mi existencia.
Ante tal peligro no tuve otro recurso que elaborar
este sortilegio de resguardo.»

El nombre del juego

El juego se juega acumulando bienes.
El juego se juega buscando poder.
El juego se juega comprando voluntades.
El juego se juega traficando influencias.
El juego se juega aliándose a los poderosos.
El juego se juega negando a los débiles.
El juego se juega desconfiando de todos.
El juego se juega ocultando los rastros.
El juego se juega jurando por lo más sagrado.
El juego se juega mintiendo.
El juego se juega disimulando.
El juego se juega en silencio.
El juego se juega hasta el final.
El juego se juega.

Locura

Uno siente que siempre puede hacer algo más. Si hizo 10 (de lo que sea que haga), piensa que podría haber hecho 11, si hizo 11, que podría haber hecho 12.
Cómo saber cuál es el límite aceptable. Dónde está la línea del bien, muy bien, excelente. Donde debe detenerse.
Pensar a cada momento que se puede patear el tablero, empezar de nuevo, es un alivio pero también un castigo.
Ante dos reglas morales que se superponen, la más difícil es siempre la que se debe seguir. Pero en este caso, se llegaría a la locura.

Amor

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso.

No hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso.

Huír el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar vida y el alma a un desengaño,
esto es amor: quién lo probó, lo sabe.
(Lope de Vega)

Carta

Estimado Señor:
Te escribo desde esta creación, quiero informarte las cosas que pasaron últimamente, porque me parece que no te enteraste.
Este asunto de la libertad, la verdad que no te salió muy bien, cada día hay más hambre, más excluidos, más depresión. Los poderosos deciden quién vive y quién no, qué país triunfa y cuál desaparece para siempre. No se si fue un chiste o un experimento, pero no le está yendo bien, por lo menos para nosotros, y sería bueno que lo mejoraras un poco. Ya que lo creaste y tienes todo el poder, alguna ayuda no nos vendría mal.
No entiendo por qué inventaste este lugar, y por qué las reglas son tan poco claras. Nos dejaste un libro, o unos cuantos, un poco extraños, un poco contradictorios. No dicen qué hacer, dan indicaciones vagas. Es cierto que no son lo que quisiste decir, que no dejan de ser su reflejo, pero podrían haber sido un reflejo un poco más claro.
¿Desde arriba se ven las fronteras, los distintos países?. ¿Son iguales todos, hay una estadística de salvación? ¿Se salvan más Americanos que Europeos, se condenan más Argentinos o Chilenos? ¿Los ingleses se van al cielo o al infierno?. No se ve una salida, parece que cada vez nos hundiéramos más y peor. No me parece que merezcamos tanta desgracia, o sí me parece. No creo que se pueda salir. No me acuerdo como entré. Me parece que vos me metiste. Y no me preguntaste. No me preguntaste dónde, cómo, cuándo. No me dijiste por qué, para qué, cuánto cuesta, cómo se hace, cuáles son las reglas, quién es el jefe. Me diste un regalo que no merezco en ningún sentido.
Como acto final decido, por primera y última vez decido, devolver este regalo, este país, este tiempo, esta sucesión, este lenguaje, esta raza, esta gente, estas voces, estos recuerdos, esta nostalgia, este miedo, este súbito entendimiento, esta salvación, esta eternidad. Devuelvo todos estos regalos.
Atte,

De Anakin a Darth

La bondad puede conducir a la maldad.
La extrema rectitud, al igual que los estándares de calidad, solo indican el correcto y sistemático seguimiento de una ética, no así el grado de acierto de esa ética. Indican la precisión, no la exactitud.
Una república buscará perfeccionarse en un imperio. Un presidente en un emperador. Un hombre recto en uno inflexible. La búsqueda de la excelencia suele conducir a la decadencia.
La decadencia es un destino al que se llega de a poco, primero se cede en un aspecto y luego en otro, y luego uno representa justamente aquello que deseaba destruir.
Uno termina pareciéndose a su enemigo.
La inflexibilidad conducirá siempre al error, el error es inevitable, el error inflexible es desastroso.
La humildad y la compasión son el único faro que puede guiarnos.

Detener el tiempo

Existen en diversos superhéroes el poder de detener el tiempo (recuérdese al simpático Hiro de la serie Heroes y al mítico Chapulín Colorado con la chicarra paralizadora) o, si se quiere, actuar a una velocidad tal que las acciones que realizan transcurren mucho más rápido que lo normal, en forma casi instantánea.
Este poder existe naturalmente en todos nosotros. Para explicarlo debo introducir la noción de clock o reloj de un microprocesador: el clock es el instrumento interno de un microprocesador que se encarga de enviar pulsos a intervalos regulares al microprocesador para que este sincronice sus operaciones. Con cada pulso enviado, el micropocesador realiza una operación. La velocidad de procesamiento del microprocesador será la velocidad con la que el clock envía esos pulsos, medido en pulsos por segundo o Hertz (Hz).
Para detener el tiempo o, lo que es lo mismo, cambiar la velocidad de nuestra percepción de la realidad, basta con aumentar la velocidad de ese clock que todos llevamos dentro.
Vale decir que esto no es nada fácil de realizar, por lo menos voluntariamente. Sin embargo, esto lo realizamos muchas veces en forma involuntaria.
Cuando nos encontramos frente a algún peligro, nuestro clock automáticamente se acelera a velocidades inusuales, aumentando nuestra velocidad de percepción o, lo que es lo mismo, estirando nuestro tiempo subjetivo lo máximo posible, para darnos tiempo de ejecutar las acciones y, sobre todo, realizar los razonamientos necesarios para conjurar el peligro.
Debido a esto nos parece que las acciones a nuestro alrededor se realizan en cámara lenta, cuando somos nosotros, nuestro clock interno, el que está inusualmente acelerado.

El tiempo y los relojes

Ser es ser percibido. Dicen los existencialistas.
La frase es lo suficientemente atractiva como para despertar sospechas sobre su veracidad.
Sin embargo, por ahora la tomaremos como cierta, por lo menos en lo que respecta a nuestro tema: el tiempo.
El transcurso del tiempo es eminentemente subjetivo, el tiempo transcurre a la velocidad que nosotros lo percibimos, el tiempo es la velocidad con la que nosotros percibimos los acontecimientos.
Un reloj sólo sirve para cuantificar esa velocidad, para medirla, pero eso no es el tiempo, es sólo su medición.
Vamos a explicar esto un poco mejor.
Es un error común confundir el sistema de medición con el parámetro medido: la altura de una persona es propia de ella, distinta de las alturas de las demás personas, aunque todas se midan con la misma regla.
Del mismo modo, un reloj no marca el paso del tiempo objetivo, ya que el tiempo objetivo no existe. Solo sirve para medir el tiempo subjetivo, que es propio de cada persona.